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El otro Jesús

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Cuando escribo son las ocho. Estoy sólo frente al ordenador. La noche ha empezado unos segundos más tarde que ayer; ahora la luz crece sin que nos demos cuenta. En el fuego un pedazo inmenso de carne perfuma la casa; cacerolas, platos de china, tenedores que apenas si pueden voltear la comida. Villancicos, grititos de niños y de gatos, frío en la calle. Cartones acumulados en los contenedores. La ciudad vacía, las casas llenas de solidarios con guantes. No tengo hambre. A estas horas los hombres de noche, seres invisibles, vuelven a sus escondrijos, cansinos, sin más consuelo que los cartones de los juguetes abandonados   (prefieren las cajas de las bicis). A Jesús fueron a adorarlo los pobres: pastores y lavanderas; y los sabios. El otro Jesús, el mendigo, se arrebuja bajo una manta desgarrada por los días y las noches. Está solo y huele mal; tiene al lado una botella de vino y un enorme bocadillo que le ha dado una dama piadosa porque, al fin y al cabo, es nochebuena en el univer...

Bestias y tradiciones

Cuenca está de moda. No hace mucho, han descubierto el «concavenator córcovado», un bicho que vivió por cerca de mi casa mucho antes de la guerra. El lagartón campaba por estas sierras cuando las casas colgadas eran ilusión, agua, nada, porque lo mismo ni había pedruscos grandotes para amarrarlas en el fondo del mar. Es hermoso el nombre que le ha tocado en la lotería, pero al pobrecico le ha caído un apellido infamante: dicen los enterados que tenía el culo entre paréntesis (imito a Quevedo); claro que no sé yo cómo se le ve la chepa a un bicho muerto hace ciento veinticinco millones de años (antes de la guerra), pero, si está escrito en la revista Nature, tiene que ser verdad, verdad de la buena. Oyes, y qué dibujo tan bonito que han sacado del extinto los americanos. Claro que si el corcovilla tuviera o tuviese cuernos lo mismo lo podríamos torear ahora que llega San Mateo agarrado con una sogueta por toda la plaza mayor. Una lástima lastimera; a falta de pan…. ¡Ea!, pues nos pillam...

La lechera

Para empezar diré que no me gusta el conejo, considero que su carne tiene un punto de amargura que casa poco con mi exquisito paladar. Sin embargo, hace unos años recibí como regalo una pareja del color de la nieve manchada y un boletín de inscripción en la Sociedad Protectora de Conejos del color de la Nieve Manchada (SoProCoNiMan). La Sociedad proporciona a sus miembros nutrida información, menos, claro está, recetas de cocina. Siguiendo los consejos de los enterados puse a los gazapos en la misma jaula hasta que por mis óptimos cuidados excedieron el tamaño recomendado y tuve que construirles una mayor y luego otra... Al final hice un corral con buena alambrera donde pudieran excavar a voluntad y esconderse de los depredadores que surcan los cielos de mi pueblo. Mano de santo. No sé si sería por el amor o por la necesidad (era amor), se pusieron a la faena y en pocos meses vi que decenas de peluches saltaban con inusitada gracia por entre los ababoles que me entretenía en arrancar p...

Cuento

No sé si ya te sabes el cuento del caballero que se pasó la vida buscando dragones. Recorrió el mundo en su espléndido corcel y aprendió todo lo que se puede aprender de la caza de esos bichos: sus puntos débiles, el olor de su sangre viscosa, la dureza de sus descomunales escamas. Una vieja babosa le confesó el lugar donde se halla el sitio exacto para darles muerte y otra le preparó un brebaje con el que entontecerlos antes de remangarse para darles matarile. Sus hazañas fueron cantadas por la gente que lo admiraba por su inteligencia y coraje. Jamás vio un dragón. El pringado se hizo viejo poco a poco, --los dioses, dueños del tiempo, no quieren que nadie se libre de su huella--, y ya no podía recorrer los caminos a causa del dolor de huesos que produce el roce de la armadura. Un día de invierno, cuando el campo estaba blanco como la leche en polvo, se instaló en un establo que había a las afueras de un pueblecito; allí con paciencia y subvenciones reparó el edificio, puso puerta,...

ECO

S egún lo duro que sea un cuerpo, así reverbera el sonido cuando impacta contra él. Es pura física. Una pared de piedra en un angosto acantilado alarga la vocal de la última sílaba de manera indefinida lo que provoca mucha risa en los nenes cuando gritan «ECO» y el eco responde. En cambio, si el cuerpo en donde se estrella la palabra, cualquier palabra, es flojo y mantecoso, el sonido merma y desaparece como por ensalmo embebidas las vocales por los pliegues de la materia que lo reviste, extinguiéndose de una vez. A este eco lo podríamos llamar apagado o eco exangüe, sin fuste. Servidor está convencido de que Maria NO Rajoy no vibra porque está forrado de materia absorbente dispuesta de tal modo que es imposible que refleje el sonido del disparo de un cañón de artillería. Por eso, cuando a ese caparazón le llega la voz de ayuda desde el Gobierno de España, el sonido se le queda entre piel y piel, embutido en la zona en donde le nacen los pelillos de la tripa. Pero, afirmo...

Metáforas

He comprado un reloj que anda al revés, quiero decir en sentido opuesto al de las agujas de un reloj. Para compensar la estupidez, han dispuesto los números en modo espejo; o sea, han colocado el diez donde debería estar el dos y el cuatro en el lugar del ocho. Mi inteligencia, acostumbrada a rutinas aprendidas, sufre al intentar desentrañar la hora propuesta por el invento, tanto que lo utilizo por las mañanas para despertarme, por las tardes para dormirme y por la noche, ¡ay por la noche!, para consolarme pues parece que va restando las horas en lugar de sumarlas. El nuevo reloj de mi salón es una metáfora, lo que todavía no sé es cuál es el sentido figurado del objeto. Quizá hable de que el tiempo es una quimera que anda libre a pesar de que queramos embutirlo entre dos agujas, o que el desorden en el que vivimos no lo es sino que lo parece porque la esfera señala las horas cuando corresponde y no incumple las exigencias de quien fuera el primer inventor de la doble docena para en...

Carta a un niño del Colegio Ramón y Cajal (Cuenca)

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Publicada en el periódico escolar El Grupo,  impreso con motivo del 75º aniversario de la inauguración del Centro. =============================== A preciado amigo(a): Cuando veas a un señor o una señora mayores, piensa que también fueron niños. La única diferencia contigo es que eso les pasó en otro tiempo, en tiempos de Maricastaña que es una señora a la que nadie conoce porque vivió hace muchos, muchos años. Te lo repito, todos los mayores fuimos alguna vez como tú; también tuvimos padres, madres, abuelitos, hermanos y amigos con los que regañar por una tontería. Yo era niño cuando la señora Maricastaña aún no había nacido, fíjate si hace tiempo. La casualidad quiso que estudiase en la escuela que lleva el nombre de don Santiago Ramón y Cajal, la tuya. Por las mañanas, con el frío, bajaba desde los Tiradores Altos, calle Real abajo, con mi cartera de material –así se llamaba entonces al cuero–. Llegaba al patio en donde tú te diviertes dando vueltas, pero yo no podía dar ...

Homenaje al Mota

Ayer hubo un homenaje al Mota, otro. En el acto, un servidor leyó lo que sigue: --------------------------------------------------------------- Hay cosas que es preciso hacer a solas. Muchas. Aunque vayan dirigidas a un público exigente es preciso hacerlas solo. A mí no me gusta trabajar a solas, no me apetece, por eso las dejo sobre la mesa para que el tiempo con su pringue las vaya escondiendo en el lugar más remoto, más inaccesible. Entonces llega el Ángel Suarez y las despierta y surgen desde el inconsciente de la mesa como un fantasma. Para poder acercarte a ellas les quitas la grasa amarilla, la peor, y te aprestas a faena. Esto viene a que no me gustan los homenajes a los amigos porque la muerte me provoca sentimientos que no me gustan, en absoluto. Que no. En esas andaba cuando empecé a escribir sobre el Mota a solas, rodeado de una montaña de libros todavía vírgenes que me recuerdan la urgente necesidad de huir de mí mismo. Tras cada párrafo eliminado con indolencia, salía al ...