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Mostrando entradas de junio, 2008

El partido

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Vi el partido. Disfruté como tantos de una coreografía perfectamente conjuntada donde los «nuestros» bailaron con singular elegancia a los contrincantes. Yo también vi el partido el jueves aunque estaba solo sentado bajo una morera, comiendo pipas, mientras jaleaba a lo que sea que se mueve vestido de amarillo dentro del televisor. Te lo juro, grité, no hay testigos, cuando aquellos atletas llenaban de gol hasta tres veces la nasa rusa con empuje, con constancia, con buen juego. No fue por patriotismo de bandera y toro, deplorable, sino gusto por lo bello, por el juego en equipo en donde los individuos se diluyen en el grupo que es el que siempre sale beneficiado; fue emoción al ver los abrazos sin envidia, y fue rabia ante el dolor contenido cuando alguno de los nuestros recibía un   golpe duro de los otros. La vida, créeme, es un accidente, maravilloso eso sí, pero un accidente que te otorga patria, sexo, idioma, todo aquello que el ser humano necesita para mantenerse a salvo en m

Cita previa

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Mi DNI caduca en septiembre y como soy un hombre prevenido me acerco al teléfono adecuado, 902 y tal, donde una voz metálica se chotea de mí con un humor que no soy capaz de entender; el caso es que pulsando uno y diciendo sí me entretienen un puñado de tiempo. El final es glorioso: «no es posible ofrecerle una cita a medio plazo». Sin cita no hay rollo; para que no me enfade mucho con el bicho, el ordenador digo, me ofrecen un número novecientos a toda pastilla. Llamo, cabreado como una mona y una voz melodiosa y harta de tipos como yo me para los pies con dulce acento caribeño. A lo que vamos, después me informa de que se ha caído el sistema. «–¿El sistema? –Sí caballero, el sistema de toda España. –¿Qué me dice, señorita? –Lo que oye. –Pues deme una cita a largo plazo, usted lo apunta en una libreta y ya está. –Es imposible». Doy las gracias: la operadora empieza a mosquearse porque como yo en este país somos un montón. El sistema, la máquina... Y ¿cómo se cae un sistema?, y ¿qué s

La encuesta

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L a demoscopia por fin ha llegado a mi barrio envuelta en papel de estraza. Fermín, el tendero de la esquina, con el sano objetivo de mejorar la atención individualizada al parroquiano, ha redactado un cuestionario con doscientos y pico ítems al que es obligatorio contestar si quieres que te venda la imprescindible latilla de escabeche. Es un cansino pero como es del pueblo se lo perdonamos; otra cosa sería si fuera de Salamanca, pongo por ejemplo. Por eso ahí nos tienes a los cuatro clientes, en realidad un cliente y tres clientas, provistos de lápiz y goma tachando opciones en un puñado de folios como si en ello nos fuera la vida. A la señora Vicenta le dan unos sofocos de aúpa porque la encuesta lo mismo te pregunta por tus hábitos alimenticios como por tus aficiones festivas; a veces, incluso, entra en asuntos tan íntimos que no son conformes ni con la moral que predica el arzobispo Cañizares ni, extremo opuesto, con la soltura que manifiesta la «miembra» Aído del gabinete Zapater

Lealtad

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S obre la mesa, un cartapacio lleno de planos y de palabras. Los argumentos, aprendidos; la sonrisa, afectada. Ruido. En el ambiente, mucho ruido porque la gente no quiere un basurero a la puerta de la casa. Los políticos prometen por dos, por tres veces, que no se construirá en ese término municipal. Un asistente, incrédulo, lo expresa con un cierto tono airado y es cuando el señor político, uno que manda, se reviste de dignidad. Qué entenderá el edil por dignidad; supongo que se cree merecedor de confianza porque, da a entender con el enfado, su palabra es sagrada. Continúa la tormenta en el salón entre tecnicismos y llamadas apenas perceptibles a la solidaridad donde se sugiere que alguien deberá tener el basurero de TODA la provincia de Cuenca; el concejal raso parece que se calla algo, quizás un «y por qué no vosotros si ya lo he apuntado en internet». Otra vez los que mandan (hay concejales que mandan; otros, no) confirman el compromiso: «no se hará el vertedero en todo el térmi