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Mostrando entradas de abril, 2010

Cospedal

Cospedal está en Babia, como ausente, ajena a la realidad o quizás inserta en ella. Para ser más precisos anda muy cerca del Luna, un regato que jamás llegará al mar. En Cospedal hay vacas, pero menos que antes, y veraneantes. Cardos, un puñado de casas y gatos que maúllan a deshora. Te aviso de que Cospedal es una aldea, un lugar en cuesta vigilado por una antigua iglesia sin techumbre en el norte de León . A lo que se puede ver, se asemeja más a un holograma del pasado que a un lugar con futuro; sin embargo, en verano se vuelve un sitio repoblado por cuneros, pero se queda medio vacío cuando el refrior avanza desde el valle de Valdeovejas. Me gusta Cospedal, el pueblo, por su cortedad, su simple geometría, el trazado irregular de su discurso en aquellos andurriales llenos de cantos, de castaños enormes y de nubes arreboladas. Tanto me encanta que si pudiera me iría allí a escribir novelas de piratas traidores que capturan tesoros en la inmensidad de un mar absurdo para ofrecérselo

Elegir al juez

Si me dieran a elegir a un juez para cuando la vieja Moira me corte el hilo y se vaya todo al carajo, te puedo asegurar que no elegiría a Garzón. Ni a Garzón ni a la mayoría de las señorías del Supremo. No es que no me guste don Baltasar, es que no me fío de que sea capaz de perdonarme los pecadillos porque tiene cara de juez, no hay más que verlo; tieso como un ajo, con una voz así que le sale desde el garganchón, pelicano como quien dice que sabe más por viejo. Si me dieran a elegir, me quedaría uno gordo, hermosón, harto a comer y a beber vino; uno (o una) con la sonrisa permanente, los ojillos pizpiretos y las manos como cazos. Callado; lo peor que te puede pasar cuando te pesen el alma es un tipo envarado te eche una bronca divina para que te vayas al infierno cabreado y con cara de gilipollas. Pero me da a mí que no me van a dejar escoger porque mi abogado no se llama Trillo. Además, me han dicho que a los jueces gordos los van a echar al cielo de abajo porque se ha estropeado el

La soledad del santón

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Junto a una cascada, el santón medita. Sobre un montón de piedras erosionadas por el agua, el tipo mantiene impasible la posición de loto. En la fotografía mira fijamente al espectador que acabará yéndose; entonces, el personaje se quedará solo allí, acompañado por el ruido sordo del agua cayendo desde las piedras. Siempre me ha impresionado el poder del agua y cómo con su constancia es capaz de horadar incluso el más duro granito. El artista, Balazs Pataki , consigue destacar el color rojo del turbante sobre el roquedal pardo. No es sólo la imagen lo que me impacta, también lo que trasciende: cómo una persona puede permanecer inmóvil meditando, solo. La mayoría de los religiosos de cualquier creencia busca el amparo de los otros para poder sobrellevar el retiro. Este santón, en cambio, se conforma con la mirada curiosa de los que por allí buscan un paisaje para recordar. Si hacemos caso a sus creencias, es seguro que el personaje no piensa en nada, ni siquiera en las pocas monedas

Cerrado por vacaciones

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A veces viene bien un descanso. Me voy a oxigenarme; no, a respirar que buena falta me hace. Un abrazo.