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La caja

Pedrillo cada vez que me ve, ere que erre, me presiona para que hable de lo que a él le interesa. Ahora le ha dado por la Caja de Catilla-La Mancha: «No eres suficientemente crítico con el tema, chaval; van a venir los vascos con sus boinas de billetes de quinientos y nos la van a quitar de las manos. Y mientras tanto tú ahí tan calladito, hablando de gilipolleces que no le interesan a nadie. Si tuvieras vergüenza, eso, si tuvieras vergüenza le arrimabas un buen palo al inútil de Zapatero; él es el que tiene la culpa». Pedrillo, le digo, primero y principal, tienes que saber que un servidor no es más que un modesto aficionado como tantos a escribir de obviedades con toques solemnes y pasteleros; los segundo, que si hay que arrimarle a Zapatero se le da pero la Caja no se la ha cargado el presidente precisamente, recuerda que en el arcón de los cuartos ha metido mucha gente la mano tonta, gente afiliada a Samparamí que es el partido mayoritario en este universo mundo (y por lo tanto en ...

Auctoritas

En mi pueblo había un tipo, Marcial, que tenía muchas hijas. No, hijos, ninguno. Vivían todos de lo sacaban despachando vino y creo que con cierta holgura porque a la gente le gustaba ir al bar a hablar de cosas y a comer olivas. Me han dicho que Marcial trabajó desde su juventud detrás de la barra para sacar a delante a la prole, no sé cuánto pencó porque siempre lo recuerdo viejo y cansado, sentado en una silla de anea y mandándoles a las hijas con su voz de repetidora: oyes, que ti tú despacha a éste; oyes, que si tú friegas los vasos; o, mismamente, diciendo a la parienta con una firmeza inexplicable que friese los calamares con poco aceite. Marcial tenía autoridad; dicho y hecho, sin rechistar; una autoridad que ahora llamaríamos liderazgo (por decir) que es cuando el mérito no está en mandar, sino en que te obedezcan. Al viejo, las hijas lo querían, lo respetaban y, no sé por qué, lo obedecían; su «auctoritas» no necesitaba de sindicatos, ni de Esperanzas, le bastaba con haber in...

Ratones

Estaba viendo la tele, supongo que alguna gilipollez de la Belén Esteban y su comadre la Campanario; digo que estaba delante de la tele, pensando en cómo hemos llegado a ser tan imbéciles, cuando vi moverse un bicho pequeñito: apenas dos o tres centímetros de alzada, es difícil precisar más, pasó como una exhalación, fue visto y no visto. Con el tiempo he sabido que era un ratón, un ratoncito de campo, un animalillo gris que me está amargando la vida con la horrible costumbre de dejar constancia de su presencia por donde pasa. No, ruido no hace mucho, por la noche apenas si oigo los chillidos ahogados de los protagonistas de las novelas del siglo XIX antes de ser digeridos. Aunque lo peor no es que se coma a Emma Bovary, lo peor es que lo deja todo perdido de excrementos; el ratón siempre fue libre: la libertad verdadera consiste en llenar la ciudad de mierda, según preconizaba el sabio Beodo. He comprado veneno, unas pastillitas de efecto retardado por si hay más de uno; cepos, ocho...

Olor a mar

El verano se me ha acabado. Ha sido visto y no visto. He vuelto empapado en cremas protectoras y en frustraciones, de ahí lo del gesto adusto; o sea, que he venido quemado y cabreado. Inmediatamente me he puesto a la inmensa tarea de retomar el trabajo atrasado. Fichar por la mañana a la hora en punto, clasificar y repartir impresos por todo el edificio, sellar debidamente los documentos, escribir al dictado de un incompetente, guardar en la papelera... Si eres oficinista no te voy a contar el enorme lío que llevo con los papeles; si no lo eres, por mucho que lo intentes no lo vas a entender. Al regresar he comprobado que la Marivane sigue igual de hermosa, pobrecilla, qué lástima de mujer; el Leovigildo, ¡ea!, imagínatelo argumentando con vehemencia contra el señor director. Todavía no te he dicho que en el despacho somos tres y un poto; como hermanos, así nos llevábamos antaño; yo soy el más viejo, la Vane es la joven. Todos solteros. ¿Como hermanos?, ya no; desde hace unos años no s...

Palcos

Si sabes la diferencia que hay entre ser tonto y estar tonto, conoces la esencia de la vida; eres capaz de distinguir entre lo permanente y lo transitorio, entre lo privado y lo público, entre lo fundamental y lo accesorio. Eres una persona totalmente preparada para desempeñar cualquier actividad que te propongas y que no exija mucho esfuerzo. El primero que habló de esto fue el sabio Aquilino quien en un libro muy hermoso ya dividía el mundo en tres grandes montones: los que son y los que están. Viene bien que te lo recuerde no vaya a ser que te pase lo que a la señora Fructuosa que por no saber distinguir entre ser y estar se dio a la mala vida y acabó en un asilo para expertas descarriadas, haciendo ganchillo. Tú puedes pasar todo el tiempo creyendo que estás, pero luego llegan lo que mandan de verdad y no te invitan al su propio palco a ver los toros. Has cometido el peor error, no has sabido distinguir; no eres nadie porque no estás donde hay que estar para salir en la foto. En es...

Economía la otra

Yo tengo un gallo imbécil que anuncia el día. Primera aclaración, sí, tengo un corral donde conviven animales en aparente régimen mutualista. Segunda, considero imbécil al gallo porque se pone a cantar a la una de la madrugada; vale, es posible que el emplumado no sea tonto y el fallo tenga que ver con que tiene la pila gastada. Da igual, el caso es que el bicho va tan adelantado como el gurú americano que anuncia el final de la crisis. Mi gallo, todo un don Juan, convive con seis gallinas de buena familia que por haber estudiado en colegio de pago conocen como nadie los principios económicos que rigen el mundo; por tanto, no ponen ni un jodido huevo porque piensan, las majaderas, que hay que ahorrar. Para animar el cotarro, he decidido meter conejos entre las gallinas: hay que acabar con la dictadura de las ponedoras; en consecuencia, se ha roto el equilibrio ecológico porque, como los conejos son tan peculiares, les están usurpando el sitio a las aves y de paso devorando los recurs...

Vaguedades

Hoy el día se la levantado gris, gris y ventoso. La Agencia Estatal de Meteorología afirma que no va a llover (en mi pueblo se entiende) y, sin embargo, ando algo mosca con el movimiento incontrolado de las nubes que parecen llenas a reventar de agua buena para el campo. Lo de buena, ya sabes, es relativo porque nunca llueve a gusto de todos y a veces cae tanto que arrambla con lo que sea. Hay que ver todo lo que sé desde que estoy recluido en mitad de la nada, harto de tanta paz y tanta puñeta, que voy a tener que ir al médico a que me recete una moto ruidosa o dos. Hoy va a haber problemas para llenar esta columna, ya verás; la he empezado como si fuera una conversación habitual con el vecino en el ascensor: al del noveno b no le largas una reflexión rollo sobre la luz que los augures vislumbran al final del túnel de la recesión, en absoluto, le hablas del tiempo y de la cosecha de uva, aunque sepas que no tiene ni idea ni interés en el asunto: «oyes, ¿y lo que lleva sin llover?, jol...

Trabajos

Antes los chicos querían ser futbolistas o mecánicos. Hoy, médicos forenses y jueces; hubo uno que quería ser Paquirrín, pero eso es otra historia (ciertamente muy triste). Lo de forense, porque el muerto no se queja y si pones atención puedes saber quién lo ha matado y todo eso; lo de juez no me lo explico. O sí; a lo mejor para vengarse de los enemigos del cole con sentencias y admoniciones que salgan en la primera página de los periódicos, o quizá para absolver a amiguetes a los que han trincado los guardias por dar positivo en la prueba de alcoholemia. Desde luego que los peores serían los que sólo quieren ponerse el hato negro con puntillas, vamos los que lo hacen por pura coquetería, porque quedan tan elegantes detrás de una mesa de buena madera donde un ebanista ha tallado una señora justicia medio desnuda con una balanza en la mano (una lástima que ya no se lleve, para rematar el uniforme, el gorro negro con pompón que se llama birrete). Hasta aquí hablo de chicos estudiosos, h...