Agua
Arco iris sobre La Melgosa. Dicen las webs de mi pueblo que Cuenca llora en la Semana Santa y se lamentan, lloriquea incluso una gachí que se define como muy atea (debe de haber diferentes intensidades en eso de ateísmo), y el del bareto de mi barrio y la Marichufi que ha vestido a la niña de María de los Dolores que dan miedo. Por aquí, desde que me acuerdo, todos lloramos. Si el papa Paco fuera de Cuenca –cosa que obviamente no está a su alcance–, no lo dudes, también estaría lamentándose con una copa rebosante de resoli en la mano, impotente ante la fatalidad que nos empuja cuesta abajo; terrible es nuestro destino y terrible el resoli que te dan en los garitos. El cielo de Cuenca está triste, pobrecico, o cabreado, vaya usted a saber por qué. Los campos, más que verdes, son de plata por el reflejo mágico de las nubes en los charcos. De plata nada; todo, grisura. Es cierto, llueve; disfruto con el agua que me cae mansa mientras deambulo por el campo. La lluvia lo lava todo, in...