Sueños
Si yo fuera jefe utilizaría el dedo para colocar a todo quisque. Oyes tú, fulano, te nombro por la autoridad que emana de mi proverbial dedo jefe supremo de la grapadora. Y fulano, ufano, saldría caminito del pasillo con la cabeza muy alta, agradecido por la magnanimidad que servidor, el jefe, le ha demostrado al confiarle tan alta responsabilidad. Y si otro fulano, mengano, me cayera mal, ¡hala!, que vengas echando leches, inclines la cerviz y pidas disculpas por existir; a la calle y a callar no sin antes una reconvención adecuada. Mi dedo no temblaría porque la gente responsable, servidor, sabe cumplir con su obligación. ¿No me has oído? ¡A la puñetera calle y chitón! El dedo mágico para cambiarle la vida al personal: tú sí, tú no. Como si fueras el obispo que va anatemizando al personal: tú al cielo y tú a la caldera de Pedro Botero de punta cabeza. Menudo dedo, uno con anillo de pedrería fina, como el que lleva el tío Virgilio, ole anillo y ole pedrusco. Con un dedo tan adornado s...