El diputado

Para llenar la sala de nada, el tipo usa con profusión la lengua de madera, «langue du bois» llaman los franceses al lenguaje vacío. A menudo, el señor diputado acompaña su discurso con gestos y movimientos que le acentúan la vacuidad bajando con rigidez los brazos para decir que sí o meneando todo el cuerpo desde la cadera para negar con vehemencia. Según sople el viento, la sala aplaude o vocifera indignada: el aire del norte que es muy frío exige un pateo generalizado; el del sur, en cambio, trae entre sus manos cerradas ovaciones y gritos de jaleo más propios de un coso taurino de primera categoría. El usía es un panoli, quiero decir que no sirve para nada, y de tanto esforzarse en su oficio se ha convertido en una especie de Gregorio Samsa con corbata de seda porque a lo mejor es que el uniforme imprime carácter gracias a la calidad de la tela. Ahora que llega el carnaval ha decidido bajar de su torre de marfil al bar de la esquina a confraternizar con las clases populares y de p...