Eclipse

U na vez vi un eclipse de sol. Estaba en Madrid mirando al cielo provisto de unas gafas que me habían costado un dineral y lo vi. Duró muchísimo, en la capital el tiempo lleva otro ritmo. Recuerdo que en el momento culminante, cuando supuestamente el mundo se iba a quedar a oscuras, la luz ambiente se atenuó un poquito, más o menos como cuando está nublado. A mi alrededor oía comentarios explicando lo que pasaba porque todos habían disfrutado de alguna recomendación para actuar ante el acontecimiento y lo repetían unos a otros: «no mires directamente al sol, esto es un milagro, la fulana se ha liado con el perengano»... Sólo una persona, una mujer vestida de verde, me recomendó que mirase al suelo, y señalaba ahí, adonde la sombra del arbolito se deshace en lunas roídas; un rincón en donde se reflejaba el negativo del firmamento con miles de soles. Era muy hermoso. Amable lector, es posible que te preguntes a qué viene lo de los soles, o que dudes de si esta columna es metáfora de los...