A vueltas con la calle
Los medios de comunicación viven de lo inmediato. Una noticia que tenga más de diez o doce minutos se arruga como una pasa y se desvanece. Pero a veces, por lo que sea, se empeñan en prolongar la frescura del suceso más allá de lo razonable. Por ejemplo, Puigdemont. Y, oyes, cansa, cansa tanto que enfada: he visto a uno tirarle una zapatilla al televisor por si le daba al interfecto; el calzado acabó rompiendo el retrato de boda, toda una premonición de lo que estaba a punto de ocurrir. ¿Cómo maquillar a un personaje tan rancio para que parezca renovado cada día, y ya de paso porculee lo que quiera? Es cierto que la brevedad del tiempo periodístico exige a los plumillas de una intensidad solo comparable al trabajo agotador en una mina. En ese contexto entiendo que, ahítos (o sea, encabronados), tiren del hilo hasta que se rompa, y se rompe. Chis, pero en Cuenca eso no pasa, quia. Aquí, andamos a vueltas ...