3 de diciembre de 2016

Antes de irme a dormir

Si recuerdas, el día no sé qué de octubre contaba en este mismo sitio que había pedido el reingreso en el PSOE, acababan de defenestrar a Sánchez y me sentía henchido de espíritu socialista. A por ellos, me dije con voz de pito. Por supuesto que el reingreso dependía de que ningún payo hiciese objeciones a mi persona, cosa de lo que un servidor de usted estaba convencido: soy imprescindible, el partido me necesita para su regeneración y todas esas gilipolleces.
El caso es que, al día siguiente, algún muy buen amigo se dio de baja. Copona, soy valiente para luchar contra los elementos, pero no tanto. En mi interior pensé en cómo irme sin irme, en cómo provocar que el Secretario de Organización, a la sazón diputado nacional, me cerrase la puerta, lo mejor un correo:

           Cuando hoy perpetres la traición a los que te hemos votado, ¿puedes gestionar mi traslado a   la Agrupación de Cuenca?

Iba abstenerse para que el Rajoy fuera elegido Presidente.
Obviamente, no me contestó. No le apetecía, imagino, entrar en mi juego. Él a lo suyo. ¿Qué cojones será lo suyo? El tiempo se dilataba sin que servidor recibiera la carta de «tararí que te vi». Pues otro correo el 31 de octubre:

           Quiero disculparme por pensar que después de la traición no tenías nada que hacer. Lo siento, ya veo que te estás convirtiendo en el Ditalco del Partido.
            Un saludo.

Por si el caballero no sabía quién era Ditalco, publiqué al día siguiente un artículo explicativo. Y tú te preguntarás la razón del correo. Doble, por supuesto, que se cabrease conmigo y actuase para impedir mi afiliación, obviamente también para reprocharle la actitud que tuvo con los diputados socialistas del NO.
Nada, callado. Al ataque, ahora por otro flanco. Pido al departamento correspondiente el cambio de agrupación a la de mi ciudad. Te recuerdo que cuando me afilié lo hice por internet y por defecto te apuntas a Ferraz. Desde Madrid hay respuesta: piden a Cuenca que actúe y si procede presente alegaciones.
Los chicos de la gestora, hay una gestora aquí, llaman al amo para que decida sobre mi caso. Ole y ole. Por correo certificado me llega un documento donde se me informa de que alguien, (quién será), ha presentado escrito de objeción para mi incorporación al censo de militantes del PSOE. Objetivo conseguido. Protesto y eso, por protestar. Y el viento no responde, y no responde nadie.

Te lo cuento para parar los rumores y para que sepas que ahora me voy a tomar un tiempo, no sé cuánto, ni para qué; a lo mejor me meto a reina de las fiestas, o a bombero torero, pero solo si el diputado antedicho acude a la plaza para investirme con banda a juego y música a su gusto, Maná, por supuesto.

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