No a la guerra

Soy un tipo limpio, quiero decir que me lavo con cierta frecuencia el cuerpo, la cabeza, manos y pies; con jabón de olor, faltaría más. No soy un ser excepcional, ahora abundan las personas aseadas, así que no te imagines lo que no es. Aunque tenga la radio encendida, en la ducha ocurren cosas maravillosas, momentos sublimes, pero el más intenso se produce cuando me contemplo tras el vaho adherido al espejo; una cara indefinida, desdibujada, se me aparece salvo en los bordes que por milagro permanecen limpísimos lo que me obliga a mirar de soslayo para adivinar dónde se me esconden los cuatro pelos que se resisten heroicos a la caída; es una forma magnífica de hacer ejercicios de cuello. Mi vaho parece una cortina de seda blanca que dejo en su sitio, voluntario, para ocultarme la imagen de mí mismo. Pues bien, hoy, un día desapacible, se me ha ocurrido abrir la ventana para que el vaporcito se precipitase a plomo sobre la acera; no atinaba a hacerme la raya; la edad me está r...