Ni pizca de gracia

No suelo ir a Albacete; un par de veces en los últimos años ya sabes de entierro y eso. Fui en AVE, a los viejos nos sale barato, media hora de reloj; por eso no entiendo cómo el alcalde Mariscal, el rey del mambo, ha tenido un accidente de coche por ir a desayunar a la capital económica del CLM. Quizá ha primado el postureo de, en coche oficial con chofer uniformado y tal y cual, llegar al garito donde sea que esa gente se pone tibia, o que el señor padece de flatulencias y no conviene que una tan alta autoridad se pee en tan nobles asientos. El caballero no tiene tiempo para reunirse con el García-Page —quien ya asoma la patita por debajo de la puerta— para las cosas del apaño de esta mierda de pueblo en que unos y otros están convirtiendo Cuenca. Pero sí para ir a ver al nuevo jefe del partido a mendigarle su presencia en la candidatura popular; crudo lo tiene el payo, ¡qué personaje!, a veces pienso que no se puede ser tan corto, que es impostura para confundir. Curiosame...